Viajero solitario,
jinete infatigable,
noble martillero,
que a golpes moldea,
su duro corazón.
Tambores infantiles,
redoblan su sonrisa,
y trotan su camino,
el hambre y la sed.
Látigos resuenan,
cuando habla,
y cuando escribe,
sin origen ni final,
sin dar nombres,
de sus amores,
ni sus secretos,
ni sus pecados.
En cada noche,
cada una tiene lugar,
y un canto tierno,
cuelga en una estrella,
para su camino iluminar.
Va tras la huella,
de un Dios que le perdone,
su frágil memoria,
porque busca una puerta,
que nunca se abrió.
Comentario (2 comentarios)
Necesitas ser un miembro de Poesías al Viento para añadir comentarios!
Participa en esta red social
chispas de almíbar,
servido en cristal,
quien podría estar triste,
con ese mirar.
Tu alegre mirada podria endulzar el universo
Viajero solitario,
jinete infatigable,
noble martillero,
que a golpes moldea,
su duro corazón.
Tambores infantiles,
redoblan su sonrisa,
y trotan su camino,
el hambre y la sed.
Látigos resuenan,
cuando habla,
y cuando escribe,
sin origen ni final,
sin dar nombres,
de sus amores,
ni sus secretos,
ni sus pecados.
En cada noche,
cada una tiene lugar,
y un canto tierno,
cuelga en una estrella,
para su camino iluminar.
Va tras la huella,
de un Dios que le perdone,
su frágil memoria,
porque busca una puerta,
que nunca se abrió.
Juan Montalvo