EL FINAL
El aliento arenoso de la muerte,
besó la piel del infante,
y filosos dardos cayeron,
todos al corazón yacente.
La única flor de un camposanto,
herida en su aroma agoniza,
junto a su blanca bandera,
y ahora descansan en paz.
Se escuchan aún los lamentos,
de niños soldados hambrientos,
que van atados de pies,
rumbo a un obligado destierro.
Doblan campanas llorosas,
rapiñas horadan mi vientre,
sé que no soy inocente,
y muero en mi propia trampa.
No habrá tumba ni lápida,
ni lágrimas ni rezos,
solo el recuerdo de un beso,
de una mujer muy amada.
Zulimar:
Es la primera vez que leo el nombre Zulimar,es enigmático. Me imagino una danzarina real árabe, de movimientos ágiles y armónicos y que tiene encantados a mas de uno.Nuestros nombres algunas veces influyen en nuestro caracter y personalidad. En mi caso fué San Juan el bautista, hombre solitario por vocación y obediente de las leyes de Dios.Es mi paradigma.
Allí va al viento un poema que deseo compartir contigo:
MI SIGLO
Cien años, cien golpes,
tallados de silencio,
cuelgan de una puerta,
que aún no ha sido abierta.
Cien caballos de vieja osamenta,
cabalgan su última jornada,
son libres,
pero van hacia la nada.
Cien campanas llaman fatigadas,
inútilmente a los deudos,
para que entierren a sus muertos,
a quienes una misa fué nagada.
Cien semillas rezagadas,
todas huérfanas de tiempo,
y de sed quebrantadas,
esperan un buen viento.
Cien gotas de lluvia,
que ningún rostro humedecieron,
se perdieron en la arena,
donde yace un dios pagano.
Cien esclavas que se niegan,
a la muerte,
porque beben de sus lágrimas,
por una herida que no sana.