
Calcinada soledad;
dimensión de manos huérfanas
cabalgando esta piel rugosa y fría.
Llevo sobre los hombros
una viudez de ruinas
acechada por vientos verticales.
Me alimento allí de historias neutras,
de pretéritas locuras
imaginando señales nuevas.
De mi boca escapan bruscamente
pájaros de perdón y olvido
y soy ritual de mármol, escpalpelo rojo
disecando este corazón inválido.
Desordeno la sangre, ahuyento el pulso
con esta ceguera feroz
donde suicido el tiempo...
Maria del Carmen Ruiz R
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